Estamos juntos, y yo te cuento de política mientras tu pelo
me acaricia la mano.
Entre los recovecos
Sobre México, la distribución del poder, y el 2012
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Abrázame
Abrásame
en los brazos
de tus brasas tiernas.
Abrázame
con gusto y ganas,
que me falta pecho,
puño, puente, y piernas.
Abárcame
de punta a punta
con tu aliento sobrio,
tu mirada incierta,
tu beso ignitorio: tu besar despierta,
y los dedos delgados de tu palma abierta.
Cierta, firme, quieta:
Como siempre has sido cuando me haces falta.
Cambios Políticos en Europa a raíz de la crisis económica
Pero, para ahondar en la situación política de los Estados Europeos frente a la crisis económica, es preciso empezar por dos casos ejemplares del manejo y solución de la crisis dentro de Europa: Islandia y Hungría.
En Islandia, durante el 2008, antes incluso que en los Estados Unidos, despierta una crisis financiera, debido a una burbuja económica; cosa que lleva al país a nacionalizar sus bancos comerciales como medida previsora —cuales no pudieron financiar la deuda que ya habían contraído por sus altos intereses—. No obstante, esto no evitó la inminente bancarrota del país. Ante las grandes deudas contraídas por los bancos islandeses, protestas masivas de hasta el 1 y 2% de la población presionaron tanto al Banco Central como el Parlamento. Para enero del 2009, el Primer Ministro Haarde abandona su puesto y el de líder del partido, y el vicepresidente ostenta como interino ambos cargos mientras convoca a elecciones anticipadas en mayo. En septiembre del 2010 se decide, por parte del nuevo gobierno de izquierda, que Haarde será enjuiciado por negligencia durante su gobierno. En el 2011, este mismo gobierno somete por segunda vez a referendum el pago de la deuda de los bancos, por parte del Estado, y la Nación islandesa vota que no. Lo cierto es que, en dicho sufragio, Islandia impone su soberanía sobre las demandas económicas, pero la estabilidad que posee hoy es en gran medida fruto de la eventual y dolorosa medicina que debió seguir por recomendación del Fondo Monetario Internacional.
Por otro lado, Hungría comienza su encuentro a la crisis desde un punto completamente distinto: recién habíase emancipado de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, y su grado de endeudamiento público alcanzaba hasta el 90% con relación al PIB. Relacionando, como perspectiva, la macroeconomía de Hungría con la del grupo Visegrad (que lo incluye junto a la República Checa, Eslovaquia y Polonia), le podemos percibir toda la década pre-crisis una alta deuda pública que, a pesar de bajar, nunca llegó a ser baja; aunado a esto, el país magiar se vio sometido a un fuerte gasto estatal por parte del Partido Socialista a partir del 2002. No obstante, durante algunos años mantuvo cierta estabilidad macroeconómica: Burló a las casas calificadoras de riesgo pretendiendo una moneda estable a través de un target zone. Naturalmente, para el 2008, Hungría no pudo mantener su target zone, devaluándose el florín y disminuyendo su calificación por parte de las casas calificadoras. Al Presidente Solyom sólo le restó aceptar la ayuda del Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, al precio que siempre es: recortes de programas sociales y políticas crudas de austeridad. Ya para el 2010, la situación económica de Hungría es estable, pero el pueblo ejerce su voto. Un marcado voto de castigo sustituye al Partido Socialista por el Democristiano, el cual se mantiene tras las nuevas elecciones de este año.
Con estos dos precedentes, ya es factible abordar tres países que, al día de hoy, experimentan la precaria situación de la crisis plena: Italia, Grecia, y España, la periferia de la Unión Europea, y sobre quienes recaen las políticas económicas de manera más amarga.
Entender la crisis económica que vive Italia no es posible sin el precedente de su gran déficit. Este ha sido uno de sus grandes fardos, desde los años ochentas: Por presiones políticas y demandas sociales de crear un Estado de Bienestar sin estar preparado para financiarlo, y dada la carencia de una política fiscal efectiva para sobrellevar los años ochentas en su marco internacional, Italia llegó a una deuda pública que le ha sido sumamente difícil mantener. Pero su inclusión en la eurozona, y la supeditación de su Banco Central al Banco Central Europeo han sido, junto con esto, las razones de su precariedad actual. Cuando un Estado enfrenta una crisis, la combate desde uno de dos frentes: deuda pública o devaluación monetaria. Sin embargo, Italia —como cualquier otro miembro de la eurozona— carece de ambas posibilidades, por lo que depende de la emisión de deuda y el mercado financiero; exactamente igual que Grecia y España.
Es en diciembre del 2011, cuando el Presidente Berlusconi pierde mayoría en el Parlamento italiano y abandona la Presidencia, se impone un sucesor propuesto por el Ejecutivo saliente: Mario Monti. Esta tendencia es quizás el cambio político más significativo en Europa, puesto que Monti no es electo por la voluntad popular sino impuesto de facto. Y dicha imposición no es voluntad de Berlusconi, sino del Merkozy: la alianza franco-alemana que dirige la Unión Europea a través de las reformas monetarias, dada su estabilidad y poder económico relativo a raíz de la crisis. El motor es evidente: El fracaso económico de la Unión Europea supone el fracaso de la integración regional que lideran, y aquello significa la terminante desaparición de su peso específico frente a los Estados Unidos y un Asia dinámica y creciente.
Pero aún más, encontramos la inmersión de otro poder fáctico de escala global, dentro de la política europea: El Grupo Las Vegas. Esto no es un organismo internacional, sino la agrupación lógica de actores económicos complementarios que representan efectos sumamente tangibles en la economía mundial: los grupos de banca de inversión como Goldman Sachs; casas calificadoras como Standard & Poor’s, Fitch Ratings, y Moody’s; y medios masivos de comunicación como The Economist, The Post, y Fox News. Y la inmersión es clara: Mario Monti es ex–chairman de Goldman Sachs. Y no es el único.
Durante el periodo en que Karamanlís fue Primer Ministro, del 2004 al 2009, hubo una gran falsificación de los datos macroeconómicos de la contabilidad nacional griega, a través de derivados complejos. Entonces se afirmaba que el déficit público griego era de 3.7% cuando en la realidad correspondía al 12.7%. Esta realidad se mantuvo oculta hasta que el periodo de Karamanlís acaba, y entra Papandreu como Primer Ministro. Él transparenta la realidad económica del Estado Griego, y su consecuencia lógica es el pánico especulativo. Las casas calificadoras de riesgo, ante la realidad, disminuyen el rating de Grecia hasta bonos basura, después de haber sido excelentes. Grecia queda de bruces ante la crisis, sin poder devaluar su moneda porque usa el euro, y sin inversores en bonos de deuda griega debido a su calificación. Las presiones del Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional llevan a Papandreu a aplicar dos paquetes de austeridad que sólo le traen mayor descontento por parte de la población y, a finales del 2011, dimite para dejar en su lugar a Papademos. El nuevo Primer Ministro —de facto— posee las mismas circunstancias que Mario Monti. Draghi, quien ayudó a llevar a cabo la falsificación griega, era Vicepresidente de Goldman Sachs en Europa, mientras que Papademos era Vicepresidente del Banco Central Europeo; ahora Draghi es Presidente del Banco Central Europeo, y Papademos ostenta el Poder Ejecutivo de Grecia.
La razón de ser de estos Ejecutivos de facto es el alarmante desplome de las soberanías Europeas ante estos tres poderes fácticos que las rigen: Fondo Monetario Internacional, el Merkozy, y el Grupo Las Vegas. A través de estos agentes estratégicos, colocados en los máximos puestos de mando de los Estados Europeos, estos grupos hacen las reformas que consideren necesarias para sostener las economías —cueste lo que cueste. Las demandas sociales en Grecia son descomunales y rebasan los límites de la desesperación, pero están dirigidas a gobiernos que no tienen capacidad de respuesta debido a que: en primer lugar, no son soberanos; y, en segundo, reciben instrucciones de los agentes económicos que los emanaron. España, no obstante, no se ha visto involucrado en las mismas circunstancias, debido a que soberanamente ha elegido a quien haga dichas reformas como lo habría hecho Monti o Papademos.
La crisis económica de España es atribuida directamente a la industria inmobiliaria que se vio fuertemente impulsada por la reforma a la Ley de Suelo en 1988, y a la Ley del Trabajo en el 2003. Durante una década entera, la economía crecía a pasos agigantados, y el desempleo disminuyó en un récord histórico; pero todo formaba parte de la burbuja inmobiliaria que realizó en principio mayor construcción de infraestructura que Francia, Alemania e Italia juntos, pero que ocultaba el hecho de que aquel desarrollo estaba tan sólo sostenido por endeudamiento para financiar las construcciones. Naturalmente, al entrar en crisis los bancos españoles —debido a la crisis financiera estadounidense, como ya había explicado—, se manifiesta una economía hueca que se desploma. Esta crisis, y todos sus resultados (el desempleo que ahora aumenta como nunca antes, el creciente déficit público) se han combatido durante el gobierno de izquierda de Zapatero atendiendo las reformas obligadas por el Fondo Monetario Internacional y el Merkozy. Sí, esto le otorgó basta impopularidad ante el pueblo español, pero fue lo suficientemente fiel a ello para no necesitar ser remplazado por un gobernante de facto; principalmente porque en las elecciones del 2011 se ejerció el mismo voto de castigo que en Hungría, quitando a la izquierda y poniendo a la derecha en un porcentaje electoral sin precedentes en la República Restaurada de España. Mariano Rajoy, convenientemente, ha aprovechado sus primeros 100 días de gobierno para hacer las más imperativas e impopulares reformas estructurales, como lo hubiera hecho cualquier agente de Goldman Sachs en su lugar; y, a pesar de las reiteradas Huelgas Generales que enfrentó Zapatero —y que ya enfrentó Rajoy—, el resultado es el mismo. Ahí el éxito de la relativa supervivencia de la soberanía española: No hay necesidad de intervenir en una política soberana beneficiosa.
Ante este panorama, el diagnóstico que les presento ofrece dos posibles variantes para la política europea: O los Estados Europeos abandonan el euro paulatinamente, comenzando por las Naciones cuya crisis es más cruda, manejándola así de manera independiente y recuperando su soberanía —como afirma el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz—; o se fortalece el euro, se unifican aún más los Estados, y se someten en mayor medida las soberanías ante la Unión Europea, —como pretende el principal beneficiado de esta alternativa: el Merkozy.
Lo que sucederá con Europa está por verse, en los próximos días, meses, años: En el jale y estire de la lucha de los Estados por sobrevivir a sus crisis, y a la penetración de las fuerzas económicas mundiales en su gestión nacional. La decisión de la lucha independiente de cada Estado la marcará el costo-beneficio de sus intereses. Frente a las ganancias relativas y los costos totales se despliega el tablero.
Definición de arte y artista
Así como no le pertenece la obra, pues, no le pertenece tampoco la calificación de esta: Es decir, yo creo que el escritor es escritor un instante, y espectador después siempre -reconociendo, desde luego, el trabajo de "pulido" como quien desentierra algo que recién descubre, no porque sea suyo sino porque con la práctica lo sabe encontrar tras los tropiezos en sus imperfecciones como canal expresivo. Por eso digo que si en algo estarían de acuerdo Emiliano Zapata y Pablo Neruda, es que si bien "La tierra es de quien la trabaja", "La poesía no es de quien la escribe sino de quien la la necesita"; y entonces que el arte sea arte se vuelve una decisión completamente individual, por parte del perceptor de la pieza.
Eso es lo que yo entiendo por arte, y por mi función de escritor. A la poesía la veo, disculpen mi enfoque desde mi área, como Lo hermoso latente en todas las artes y en todo el todo. "La pintura es poesía muda", dijera Leonardo; yo sólo quiero generalizarlo.
I Antología Literaria de la Prepa Tec Campus Colima
De novo
Parto de mi sensibilidad. Tres gotas caían sobre mi mano, cuatro resbalaban por los costados de mi brazo, hasta el codo, y regresaban al techo. Octubre flotaba fuera de mis pestañas, y yo al estirarme, alcanzaba sólo un viejo pedazo remendado de enero. En esas manos torpes, cansadas, fachosas podía ver escurrir cada grano, como reloj, en las ranuras que quedaban al cerrar mis dedos. El silencio, ahora sí, era el ruido más filoso. Los colibríes viraban en torno a sí, pero siempre, sin falta, revoloteando a conciencia donde fuera que yo pusiera mis oídos: a veces en la mesa de la sala, a veces bajo el escritorio saturado en que escribo; no les miento, una vez, incluso, abajo del agua tostada que manaba del ombligo de un hombre grisáceo y sonriente que tiritaba sus últimas lágrimas a la mar.
Estar dormido es como estar despierto; justo así. Yo caminé por la acera de siempre, en la ruta de siempre, al autobús de siempre que me llevaba al refugio de siempre. Esta vez, pero, un anciano esperó al lado mío. De sus manos no caían peldaños; no rebosaba de granos que, por su propio peso, cayeran junto a las suelas de sus zapatos desiguales.[i] Su semblante era sabio, pero algo en su barba cuasi-extendida de oreja a oreja (nueva, empero, de no más de tres días) sugería, de alguna forma, en algún sentido arábico –estoy casi seguro—un sabor a inocencia exquisito; yo ya no me acuerdo a qué, pero si de memoria no peco y agravo, sería parecido a obleas nayaritas de las que ahora me duele acordarme. No me equivoco, este hombre no estaba tan inconvenientemente cansado. Lo miré a los ojos, y una fibra color tornasol me miraba a mí directo. Después de un corto, creo, silencio, esa fibrilla gritó:
¿Qué sabes tú de carnaza? Mírate, ahí, parado, sobando tu mentón como si supieras algo que sé bien que no sabes. Mírame aquí, enclaustrado, perenne, los albores del sueño no son tan lánguidos como tu torso. Puedo mirarte ahí, quieto, creyendo que lo sabes todo porque pones dos o tres verdades en letras y les das un estilo. Quisiera verte brincar como yo lo hago; ¡quisiera verte pensar en los velos que se han colgado, que yo mismo he colgado, en cada casa de cada amigo que se ha marchado a vivir a otro lado! Eres precoz, se te nota en las caras que pones cuando crees que escribes, y todavía peor, vas por ahí diciéndole a todos que eres, descaradamente, un poeta autonombrado.
¿Qué sabes tú de lingotes? Porque yo alguna vez fui más viejo que tú; pero eso de la senectud ha héchome pésimo para las labores intransigentes. Cuando (digo cuando para que me entiendas, de éste lado de la banqueta ya eso no se usa desde hace tanto) mis vidrios dormían a la par conmigo, cuando los lápices confabulaban con las máquinas literográficas para explicarme entre mis noches de lo que trataba un pedazo de prosa escrita con huevos, y cuando eso de hacer poesía se hacía mucho más pariendo que con mostachos engalanados, en el ejido donde yo nací, allá por Pénjamo, Guanajuato, seis hojas caían cada septiembre, y la última quedaba pendiente sobre un naranjo del rancho.
¡¿Y qué sabes tú de cortejo?! Pelmazo. Yo me acuerdo de ti antes de que hubieras nacido, y solías contarme que si algún día crecías, sería sólo para acordarte de eso, de no haber nacido, desde otra perspectiva. Te moriste antes de darme tiempo de darme un respiro de tus poesías. Lo que quiero decir es que hay, en este momento, en el micro-patio de mi departamento, una especie de líquido grumoso y estático, esperando por que llegue yo a casa. Es espeso, amarillento, y a veces, cuando piensa que no estoy viendo, borbotea. Suele ser el único que me acompaña, entonces, en las madrugadas en que me hace falta sueño.
El anciano ese, en cambio, sólo sonrió en silencio. Sabía bien, a buen modo, que yo entendía lo que quería decirme su iris en todos los ecos que hizo sonar en mi cráneo. Enmudecí, me quedé no otra cosa más que callado, y el ceño fruncido que acostumbro cargarme tanto.
Breve paréntesis para taparme mejor con las sábanas de la cama.
Sus cuerpos desnudos yacían en la playa. Las olas de sus párpados barrían con los cuerpos de ellos. Yo los veía a cierta distancia, claro, por seguridad, verse pudrir poco a poco; en ratos con zeta de caza, en ratos con ye de morir. Y los cuerpos bailaban con la marea, y rodaban, y caían, y tiritaban siempre ellos: Siempre sonriendo tan pútrida, escalofriantemente, diciéndome –Ve, mira lo que me hiciste hacer. A que no sabías que puedo mover así yo el brazo.- Y sus lenguas pasaban rosándome la planta del pié; de un pié, creo.
La mano devora a la otra mano; deglute sus dedos y sus obras, y sus cayos. Esa mano paladea la otra, y se come ella todo lo que ha hecho. Saboreo lo que no sé, lo que nunca he probado y me imagino a qué sabrá. Yo ya ni sé, qué sé yo sobre saber. Me han preguntado esto y aquello: Aquello no pude contestarlo, pero creo acordarme que de esto sí dije dos, tres cosas.
Y a la mano no le importa lo que se le ponga en frente, no le interesa lo que haya o no haya, lo prueba todo igual y lo digiere sin tentarse el corazón. –Qué pena –pienso –que el sudor sea tan frío justo cuando pega más fuerte el sol. – La mano que habíame alcanzado la pierna ahora la siento subir por mi rodilla, y siendo su aspereza en la yema de los dedos que poco a poco, sin preguntarme si quiera, va por mí; viene por mí, a llevarme, estoy seguro, pero no sé a dónde pueda ser, todavía. Es frío, ¿te acuerdas? ¿Sí? Frío como la acera, frío frío como la vez aquella en que te dijeran que ella ya se había ido, y podías, si quieres, ir a verla ya ida sin saber cómo decirle adiós.
Sí, la sábana está algo dura, algo estática, algo inamovible en una cama que se mueve siempre y que yo, que estoy ahí dormitando despierto, recorro de esquina a esquina en un proceso ávido de centrifugado centrípeto. Me cosquillea aquello ahora por las costillas, y cierro los ojos pensando si busca, con suerte, sólo mi redención inmediata. –Perdón, -le digo – Perdón por todo lo que sé que sabes que pensaba hacer en cuanto dejaras de mirarme tan fijo y tornasol: Un poco de tele, un vino, un cigarro que tú sabes que nunca he fumado (no mientras tú todavía estabas,no); lo que tú quieras, tú dime qué quieres que diga y lo digo, pero ya no te acerques tanto, ya no te apropies tanto de lo que fui, de lo que era, de lo que estoy siendo en estos momentos con toda certeza desertada.
Paso tras paso, traspaso todo lo que nunca creí permisible en todos mis años de anarquía metafísica e inconstitucionalidad: La barda, la cama, la ventana, la nube de arriba de mi departamento, las hormigas, las llamas, los ojos de la gente que anda de noche, tranquilamente, paseando por la ciudad. Los miro horrorizado no mirarme horrorizado, y siento gritarles que me vean, que me agarren antes de que llegue La mano y lo haga por ellos, y lo haga por mí para siempre.
Entre el tumulto, mi agitación y su sorna, la mano me veía fijamente desde alguna de sus uñas, y dijo -¿Dónde estás ahora, para mí, dónde estuviste? ¿Dónde quedó el tiempo que habías guardado para mí, para conocerme, y que ya no usaste? ¿En qué gastaste mi vida, en vez de gastarla conmigo? ¡Mi nombre es Elvira, mi nombre es Manuel, mi nombre es Francisco, y por poco, hace un año, estuve a punto de llamarme Isaac, también! ¡Tú me conoces! ¡Tú sabes quién soy, dónde he estado gran parte del tiempo! Dime, ahora que estoy tan solo: ¡Dime, pues, poesía! ¿Dónde estoy ahora que ya no me encuentro?
Me levanté, jadeando, a eso de las 3 de la mañana; de mi sensibilidad parido.
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[i] Desiguales, digo, porque uno era castaño y el otro moreno. ¿Sí me explico? Uno azul castaño, el otro turquesa moreno: Como en Brasil.


